Mateo 6:25-34 y Apocalipsis 8:6-13

Sermón dado el 18 de abril de 2010 en Iglesia Congregacional Unida (en la Iglesia Unida de Cristo este es el domingo de la integridad de la creación). Los textos son Mateo 6:25-34 y Apocalipsis 8:6-13.

El Señor Jesús en las enseñanzas que leímos en esta mañana, habla de 2 clases de personas: los “paganos” y los que le siguen a él. No vamos a tomar literalmente ese nombre de “paganos” porque eso significa simplemente personas que tenían costumbres folclóricas en las cuales vivían y entendía al mundo. Vamos a tomar esa palabra y ponerla como algo de hoy día, para subrayar la diferencia entre 2 grupos que reaccionan y viven de formas diferentes.

Según Jesús, hay quienes viven una vida de manipulación, una vida en la que tratan de controlarlo todo. Mientras que él exige e invita y pide a sus seguidores que vivan una vida de confianza en Dios, vida de esperanza, que no pone a uno mismo en el centro.

Pero según él, hay personas explotadoras, que al ver algo de inmediato piensan en cómo aprovecharse de aquella cosa, por bella o hermosa que sea, lo que ven ellos es la oportunidad de enriquecerse de alguna forma. Mientras que Jesús pide que sus seguidores sea vean, no como explotadores, sino como mayordomos, como quienes tienen una responsabilidad de las cosas que les rodean, de cuidar de la creación de una manera que sea responsable, para poder responderle a creador cuando pida cuentas.

El otro grupo piensa en comer, beber y vestirse, en cómo complacer sus propios intereses, mientras que Jesús invita a sus seguidores a saber que Dios conoce nuestras necesidades y ha hecho una creación con el fin de que todas/os puedan suplir sus necesidades. Es decir, confiar en que el creador no nos ha puesto en un mundo donde automáticamente tenemos que perder.

El otro grupo se hace la pregunta, “¿No valen las cosas más que el ser humano? No vale más enriquecerme, y acaparar y ganarme mis bienes materiales, cueste lo que cueste para mi prójimo y para la gente que sufre porque yo estoy viviendo en lujo?” Mientras que Jesús invita a sus seguidores a hacerse la pregunta, “¿No vale la vida más que la comida? No vale el ser humano más que la ropa?”

Y esta diferencia entre 2 actitudes, tiene consecuencias enormes para nuestra vida, no sólo en lo personal pero en la sociedad, y aun en el medio ambiente, toda la creación, el planeta entero.

El libro del Apocalipsis se escribió hace 2,000 años en una situación donde la gente que seguía a Jesús estaba sufriendo muchas persecuciones. Este libro ha tenida muchas interpretaciones distintas a través de los siglos. Algunas personas han “encontrado” la prueba que el mundo ya se va a acabar muy pronto, y han hecho esas predicciones una vez tras otra, que no ha ocurrido, y entonces dicen, bueno hay que buscar de nuevo, que algo no entendimos. Lo han visto como un manual para decir el día y la hora que va a terminar el mundo.

Pero la Biblia no enseña que el mundo se va a terminar. Enseña que el mundo se va a transformar. Sin embargo, porque Dios nos ha puesto en este mundo como mayordomos, nos ha encargado el cuidado de la creación. Así que en parte nosotras/os tenemos la responsabilidad de decidir si vamos a participar en la destrucción del mundo o en su transformación.

Este libro también se ha interpretado para ver cómo a través de toda la historia han ocurrido los diferentes eventos descritos aquí, otra vez con la idea de sacarle unos secretos y poder decir, “Yo sé lo que los demás no saben.”

Se ha usado de muchas formas este libro, pero en cada generación hay que mirar y tratar de comprender los principios que quiere enseñar el escritor, y entender quizá de una forma nueva, que las generaciones anteriores no habían entendido, por ser un contexto diferente en la cual ellas vivían.

Pero en nuestra situación hoy día, en particular el pasaje en mención, tiene un significado muy específico en cuanto a la situación en la cual nos hemos puesto por el deseo de siempre tener más y más y más. Una situación que no sólo daña a la tierra, y a nuestro prójimo, pero también nos daña a nosotras/os.

Este pasaje de Apocalipsis 8 habla de 4 desastres que caen sobre la tierra y se representan por 4 toques de trompeta de 4 ángeles (mensajeros). Y quiero tomar a cada uno de estos desastres para ver qué podría decirnos a nosotros/as hoy día.

El primer ángel toca su trompeta y se lanzas sobre la tierra efectos desde los cielos y se quema la tercera parte de las plantas y los árboles y toda la hierba verde. Sabemos que nuestro deseo de visir una vida lujosa, una vida ociosa para mucha gente ha resultado en el uso cada ves más de la energía, que no se puede reponer – de gasolina, de carbón, de gas – cosas que en algún momentos tiene que acabarse, pero que durante su uso, especialmente desde principios del siglo pasado, han tenido efectos, y sabemos que el globo se está calentando.

Pero hay que recordar que antes el exceso de humo de carbón en la atmósfera produjo “lluvia ácida” que al caer no daba beneficio a los árboles, sino que los mataba. Un efecto, no de la naturaleza, sino de la actividad humana en el mundo.

Que se destruya la hierba verde. Qué cosa más extraña. Usemos este país como un ejemplo. Cuando llegaron aquí los europeos, este país era una extensión de bosques y llanos, praderas de pasto. Pero esos pastos han desaparecido mayormente porque el ser humano dijo, “Yo sé hacer las cosas mejor que Dios.

Y el ser humano tomó el maíz, una planta muy beneficiosa para las culturas de este continente. Todos los indígenas cultivaban el maíz, vivían del maíz. Decía la gente en Nicaragua, “Somos pueblo del maíz. Sin el maíz no vivimos.”

Pero esa cosa tan buena se tomó y se empezó a cultivar en enromes cantidades. ¿Por qué? Porque el maíz puede producir todas clases de productos, que se pueden vender por mucho más que el valor del sencillo maíz. De ahí se saca la miel de maíz, que se pone en casi todos los alimentos procesados hoy día. Y dicen que la epidemia que tenemos en este país de exceso de peso, se debe en muchos casos al uso de tanta miel de maíz.

Pero, ¿cómo se produjo esa miel? Se produjo cultivando intensivamente la tierra, poniéndole toda clase de productos químicos, especialmente el nitrógeno, no esperando que la tierra produzca naturalmente, como debería de ser, sino metiéndole tantos insumos artificiales que también resulta en un gasto de recursos naturales, para producir una hectárea de maíz 3 veces más de lo que producía antes.

Pero produce maíz que ya no tiene la misma nutrición. Es un maíz artificial, porque el ser humano no comprende todo lo que entra al maíz. Pensamos que sabemos, porque nos creemos tan inteligentes, y los científicos dicen, “Sí sabemos lo que necesita el maíz para crecer.” Pero ese maíz no es como el maíz natural.

Además se les paga a los granjeros un subsidio por cultivar el maíz, porque el precio que reciben es menos que el costo de los insumos. Y hemos visto como ese maíz se exporta a otros países, por ejemplo a México, y ya los campesinos no pueden vender su maíz por la competencia del maíz de acá que cuesta menos por los subsidios. Los campesinos dejan sus terrenos, se van a la ciudad, no hallan trabajo, y no tiene otra alternativa que venirse a este país a buscar trabajo, una migración enorme causada en parte por esa misma planta, pero ya una planta cambiada, porque el ser humano piensa que sabe mejor que Dios cómo producir esas cosechas.

Y en eso de sembrar millas y millas de maíz se perdió la hierba verde, lo que estaba allá antes. Y existe tanto exceso de maíz que ahora han empezado a alimentar a las reses con maíz. La vaca no come maíz. La vaca come pasto, y cando se le da maíz a una res, se enferma, y hay que echarle antibióticos. Y el estiércol que produce la res no es natural, es tóxico. Y ¿qué vamos a hacer con ese montón de estiércol, que está concentrado en una operación industrial de alimentar miles de reses? Causa una enorme polución.

Hay unos granjeros que están cambiando las cosas, personas que reconocen que los animales y la hierba, las vacas, los cerdos, las gallinas, todos viven en conjunto y se ayudan unas a otras.

Viene la vaca y se come la hierba. Hecha el desecho, y el estiércol cae en la tierra. Las moscas sus carrochas y nacen los gusanitos. Viene la gallina, se mete al estiércol y empieza a comerse los gusanitos que han nacido de las moscas, y la mosca no sale. Una granja limpia no tiene muchas moscas porque las gallinas se comieron los gusanitos. Y luego viene el marrano y voltea todo ese estiércol y lo vuelve a meter a la tierra. Se fertiliza la tierra, y luego crece nuevamente la hierba. Viene la vaca, se come la hierba, y empieza de nuevo el ciclo natural que fue la intención de nuestro creador — en lugar de meter a cada animal en un edificio donde se le obliga a comer nada más que productos de maíz y elementos químicos, e inyectarle hormonas y antibióticos para que crezca – eso no es natural, pero es algo que hemos hecho porque pensamos que somos más inteligentes que Dios. El resultado es lo que describe Apocalipsis – que se pierde la hierba, se pierden los árboles, se pierde la tercera parte de lo que Dios ha creado. En Génesis el creador le dice al ser humano, “He aquí la hierba verde que he dado a todas las criaturas para comer.” Esa fue la intención de Dios, pero no se ha cumplido.

Luego vemos en Apocalipsis que el segundo mensajero tocó su trompeta y la tercera parte del mar se volvió sangre. La tercera parte de todo lo que vivía en el mar murió.

De los campos donde se producen las enormes cantidades de maíz, muchos de los insumos químicos se llevan a los ríos. Y el estiércol de las zonas industriales de alimentación de animales también contamina los ríos. En el medio oeste, todo esto va en el Río Mississippi hasta el mar. Cuando ese río llega al Golfo de México, crea una zona de miles de kilómetros cuadrados donde no vive ni un pez, ni un camarón, ni una langosta. Porque el nitrógeno llega al mar y provoca el crecimiento de las algas, y las algas todo el oxígeno que está en el agua, y un pez no puede vivir, un camarón no puede vivir. Y si continuamos así, la tercera parte del mar se convertirá en una zona de muerte.

Además vemos en otras partes del mundo como los arrecifes de coral se están destruyendo también. Por los elementos químicos y por el alza de las temperaturas en el globo terrestre, los animalitos que formas los arrecifes están muriendo, y los arrecifes en lugar de seguir reponiéndose, se están destruyendo. Lugares como Australia ya no tienen los arrecifes que protegían a una gran diversidad de vida marina. Se está perdiendo, y es una vez más por la serie de decisiones que tomamos nosotros/as como seres humanos.

Apocalipsis 8:10-11 dice que al tocar el tercer mensajero, se amargó la tercera parte de los ríos y los manantiales. Y a causa de esa agua amarga murió mucha gente.

En días recientes ha estado mucho en las noticias la tragedia de la mina donde hubo una explosión que mató a decenas de mineros. Se habló mucho de un “accidente”. Pero no fue accidente. Fue resultado de las decisiones que tomaron los mandatarios de la compañía Massey.

Para extraer la máxima ganancia evitan que se pongan en fuerza los medios de seguridad en las minas. Viene el inspector Federal en indica una infracción. Pone una multa. Massey pagó 13 millones de dólares en multas el año pasado. Pero a la vez, le pagaron al presidente de la corporación un sueldo y beneficios que llegaron a un monto de 17 millones. Para ellos, 13 millones no es nada – es el precio de seguir sus prácticas de ganancia. No les importa. Porque sacaron tanta ganancia que es lo de menos pagar las multas. ¿Para qué cambiar las cosas?

Pero es más, Massey no sólo escarba minas en la tierra. También es una de las que está quitando la cumbre de las montañas. ¿Se imaginan? Y ¿adónde echan la tierra que se quita? Pues al valle. Y todas las sustancias que están en esa tierra se filtran al río que está en ese valle, y la gente de Kentucky, de West Virginia, de esos estados, vive gran enfermedad. “Las aguas se convirtieron en amargura, y la gente murió.”

Como sociedad, estamos dispuestos/as a pagar ese precio de cánceres, de deformación infantil, de enfermedades, con el fin de tener el carbón necesario para continuar nuestra vida de lujo. Es una decisión humana – no un accidente. Vivimos las consecuencias de nuestra decisión.

Hay muchos que quieren leer el Apocalipsis para decir que Dios va a venir algún día y nos va a castigar. No me parece así. Me parece que se habla de los resultados de las decisiones que tomamos como raza humana, en cuanto a nuestro deber con la creación que Dios nos ha encomendado.

¿Vamos a ser explotadores o mayordomos? ¿Vamos a manipular, o vamos cumplir los deseos de Dios? ¿Vamos a pensar en nuestro propio bien solamente, o vamos a preguntarnos qué es lo que quiere Dios? ¿Vamos a decir que nuestro estilo de vida vale más que el ser humanos o la naturaleza, o vamos a responder que la vida vale más que las pertenencias?

Son decisiones que las tomamos. Apocalipsis 8:12 habla de cómo la tercera parte del sol, la luna y las estrellas oscurecieron. Ya vemos claramente en la explosión del volcán en Islandia lo que puede ocurrir cuando hay mucho polvo en el aire, que ya ni los aviones en Europa pueden volar.

¿Qué tal si continuamos nuestro camino de llenar el aire de polución, o si seguimos nuestra locura nuclear y estalla una guerra de muchas bombas atómicas? ¿Será que acabe muestra existencia?

Termina el pasaje escogido con un águila que grita, “¡Ay, ay, ay, de los habitantes de la tierra cuando suene las trompetas que van a tocar los otros ángeles. Es decir, hay algo por venir que es pero.

Pero, ¿tiene que ser peor, o posiblemente será? Esa es la pregunta. ¿Vamos a decir que no hay nada que hacer? ¿O vamos a preguntarnos qué se puede hacer para evitar más destrucción?

La gente de milenios antiguos no creía tener mucho poder. Eran tan pocos los humanos. Sin embargo, en un área pequeña podían tener gran efecto. En lo que hoy es Irak, la gente empezó a cortar los árboles y cultivar sin cuidar de la tierra. Vino la erosión, y cuando llovió mucho hubo una gran inundación que se ha vista en la excavaciones arqueológicas. De ahí las historias de Noé, y de otros héroes de otras culturas del lugar. Fue consecuencia en gran parte de las decisiones humanas.

Así también cuando hay un desastre natural, muchas veces sale peor por la acción humana. En el terremoto de Haití, y hace unos años en China, y antes de eso en la Ciudad de México, hubo consecuencia mayor – la muerte de miles de personas – como resultado de que los edificios se construyeron baratamente, para sacar más ganancia. No resistieron porque se hicieron sin el cuidado de fortalecerlos.

Vemos que en Chile, donde saben que tarde o temprano le va a pegar un terremoto, no hubo mucha muerte aunque era más fuerte el terremoto. Los edificios resistieron, porque la avaricia humana no prevaleció en la construcción. Tenemos mucho más poder que lo que pensamos de afectar la suerte futura del planeta y de la raza humana.

Hace pocas semana entregamos aquí en la iglesia unos focos que ahorran energía, 4 para cada familia, con el fin de disminuir el uso de energía en nuestra casa. Es un pasito, sí, un pasito pequeño, pero un paso a fin de cuentas. El grupo que auspició este proyecto se llama Interfaith Power and Light, grupo Interreligioso de Potencia y Luz.

El mismo grupo presenta un programa el próximo miércoles (que está en los Avisos) un concierto con temas del medio ambiente. Y ellos tienen la misión de ayudar a las iglesias, los templos, las sinagogas, a ver cómo podemos hacer más para enfrentar este enrome problema del medio ambiente. Gracias a Dios que ya hay movimiento entre las comunidades de fe. Y al avanzar, podemos saber que el futuro no tiene que ser más destrucción hasta llegar al fin, sino que puede ser la transformación. El creador nos invita a ser co-creadores y co-creadoras, con la promesa de que el futuro puede ser de potencia y de luz, al llegar a nuestro destino como mayordomos responsables de la creación.

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